BÚSQUEDA

Destruye INAH zona arqueológica para construir Centro Comercial

POR SEBASTIÁN BARRAGÁN/ Mexicoleaks
 
Desde el año 600 de nuestra era, la cultura matlazinca creó un desarrollo administrativo, habitacional y un panteón ceremonial de gran esplendor en lo que ahora conocemos como Valle de Bravo, Estado de México, pero durante los últimos 70 años los vestigios de esta civilización han sido destruidos por la maquinaria inmobiliaria de alto poder adquisitivo, con la colaboración directa del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), gobierno estatal y ayuntamiento.
 
El predio Casa de Ídolos, en la zona arqueológica de La Peña, era uno de los últimos espacios en resistir el embate inmobiliario, pero en diciembre de 2015, el INAH ordenó desmantelar y enterrar estructuras prehispánicas, algunas calificadas como “monumentales”, para dar paso a la construcción de un centro comercial en terrenos de los empresarios Alejandro Martí y Alejandro Aboumrad, revelan documentos oficiales.
 
De acuerdo con una investigación realizada por Sebastián Barragán de Mexicoleaks, y publicada hoy por Aristegui Noticias, los medios y organizaciones que forman parte de Mexicoleaks recibieron una filtración sobre la destrucción de vestigios arqueológicos en Casa de Ídolos, lo que dio inicio a una investigación conjunta que concluye que estas conductas se han repetido desde la década de 1930, cuando se descubrieron los primeros vestigios.
 

 
 
Económicamente estos terrenos son relevantes porque dan vista completa al lago artificial de Valle de Bravo; por ejemplo, una casa con alberca en esta zona se oferta en internet en dos millones de dólares.
 
El valor cultural de la zona es incalculable: desde el año 600 de nuestra era, Valle de Bravo era sede de una civilización de gran prosperidad y actividad cultural.
 
Alrededor del año 750 los habitantes desaparecieron, por razones aún desconocidas; en 1200 regresaron para establecer temazcales y aliviar las dolencias de los enfermos de toda la región.
 
Aquellos que no sobrevivían eran enterrados en la misma zona junto a suntuosas ofrendas.
 
Las excavaciones de las últimas décadas han dado como resultado el hallazgo de cientos de entierros, ofrendas, esculturas y edificios “monumentales”.
 
Nada importó. Documentos oficiales confirman:
 
-Que la zona no ha sido explorada en su totalidad.
 
-El saqueo de vestigios arqueológicos.
 
-Que los arqueólogos que defendieron la preservación fueron removidos “por órdenes superiores”.
 
-Y que la destrucción del patrimonio histórico no es perseguida por el INAH.
 
Ninguno de los hallazgos ni el daño comprobado por los arqueólogos fue suficiente para cambiar la decisión del INAH.
 
INAH LIBERA PREDIO PARA CONSTRUIR CENTRO COMERCIAL
 
El 18 de diciembre de 2015, el Centro INAH Estado de México dio la autorización para construir el centro comercial.
 
El documento firmado por el delegado INAH en Edomex, Ricardo Jaramillo Luque, dividió el terreno en ocho polígonos que en total conforman los 5 mil 882 metros cuadrados del terreno Casa de Ídolos.
 
De este total 4 mil 697 metros cuadrados quedaron totalmente libres para las obras. Por lo que nueve de 11 estructuras detectadas en el “informe técnico parcial” quedarán sepultadas por el centro comercial.
 
Aquí el comparativo entre los diagramas del oficio de liberación (Izquierda) y el informe técnico parcial (derecha). Aristegui Noticias resalta en color verde la zona que sí se conservará y en rojo la que quedará bajo el centro comercial.

FOTO 10

Los cuadros que aparecen en el diagrama de la derecha corresponden a estructuras prehispánicas, incluyendo la señalada con el número 11 que fue descrita como “monumental” y que fue desmantelada por trabajadores del INAH.
 
En la zona señalada con el color verde el INAH ordenó restaurar y resguardar las estructuras identificadas con las claves 25/2, 19/2, 27/2, 32/2, 31/2 y una pequeña “plaza”; además, se ordenó enterrar nuevamente una tumba. Esta zona quedará en un área común para la visita pública.
 
Además, las estructuras 26 y 28 debieron llenarse de tierra para permitir que el centro comercial habilite su entrada.
 
Consultado sobre esta investigación, el representante legal de Desarrollo Las Monjas, Adalberto Arellano Contreras, dijo que la empresa prevé continuar con el proyecto, una vez que termine al 100 por ciento el trabajo de los arqueólogos.
 
 
 
70 AÑOS DE DESTRUCCIÓN
 
Los documentos consultados durante esta investigación confirman que la destrucción de la zona arqueológica de La Peña ha sido sistemática y en todo momento se ha privilegiado el desarrollo inmobiliario.
 
El informe técnico parcial reporta que Florencia Muller fue la primera arqueóloga en explorar la zona, probablemente alrededor de 1939, pero todos sus reportes y conclusiones se perdieron.
 
En 1947 gobierno federal construyó una presa para crear el lago artificial Miguel Alemán, por lo que se registró un desplazamiento de habitantes a las zonas más altas del municipio. Como forma de compensación las autoridades entregaron terrenos de La Peña, que entonces estaban abandonados.
 
En 1972, Manfred Reinhold realizó las primeras excavaciones en tumbas y estructuras ceremoniales en la parte baja este de La Peña, donde creó un “centro de custodia” para resguardar todos los descubrimientos.
 
El documento dice que Reinhold tuvo que abandonar “intempestivamente” su trabajo por “órdenes superiores”.
 
Debido a este abandono, la década de 1970 fue un “fuerte periodo de saqueos”, dice el documento. El custodio residente de la zona, el ciudadano Roberto Salazar, alertó al INAH pero ninguna autoridad acudió a reforzar las medidas de seguridad o reactivar las investigaciones.
 
Los documentos oficiales revelan que los propios funcionarios del INAH en esa época contribuyeron al deterioro de la zona arqueológica:
 
“A este periodo corresponde una serie de liberaciones que fueron otorgadas de manera irregular (porque no se hacían trabajos previos de rescate) y que el lado sureste de La Peña que también contenía importantes vestigios arqueológicos se perdiera totalmente”, dice el reporte técnico.
 
En entrevista para este trabajo, el arqueólogo José Hernández Rivero dijo que en la década de 1980 la arqueóloga Silvia Gutiérrez Rivera liberó una amplia zona para la construcción de una zona campestre, que desde entonces es conocida como “La Peña rica”.
 
Sobre esos terrenos se construyeron hoteles y casas de alto valor adquisitivo. La funcionaria fue despedida por esta irregularidad, aunque nunca se pudo investigar el valor cultural de esos terrenos.
 
La arqueóloga prefirió no opinar sobre esta investigación.
 
Según Hernández Rivero, la liberación de “La Peña rica” provocó el enojo de la población de “La Peña pobre”, que argumentó que sólo las personas influyentes podían burlas las leyes federales, por lo que empezaron a proliferar las obras sin permisos.
 
Las obras públicas también contribuyeron a destruir los vestigios.
 
En 1989, el arqueólogo Oscar Basante Gutiérrez denunció al Centro INAH la destrucción de estructuras en el lugar donde actualmente está el centro de salud de la población, pero no se emprendió ninguna acción administrativa ni legal, por lo que no se realizó ningún rescate.
 
En 1991 Oscar Basante Gutiérrez realizó los primeros reconocimientos sistemáticos en la zona. En 1992 exploró el basamento piramidal de La Palma.
 
Hernández Rivero afirma que en la década de 1990 logró un acuerdo con algunos comuneros para liberar terrenos, a cambio de que se permitieran las excavaciones arqueológicas; aún así, reconoce que muchos propietarios no aceptaron el trato y simplemente construyeron casas sin dar aviso a las autoridades.
 
“Esto se vio y sigue pasando porque todos los días hay nuevas construcciones (…) Hay trabajo hormiga todos los días. Basta con que les pongan un plástico y comienzan a trabajar por dentro destruyendo todo”.
 
VALOR CULTURAL
 
En entrevista realizada durante esta investigación conjunta, el arqueólogo José Hernández Rivero dijo que la zona es muy valiosa. Destacó los siguientes puntos:
 
La Peña tuvo actividad alrededor del año 600 DC como centro administrativo y de vivienda.
Era una zona muy productiva para la época (ni en el Valle de Toluca) debido a sus ríos.
Alrededor del año 750 la zona quedó abandonada, por razones aún desconocidas.
En el año 1200 la zona vuelve a ser ocupada, pero ahora con fines ceremoniales.
Los habitantes de toda la región usaron La Peña como centro de curación.
Había temazcales: eran enramadas cubiertas con pieles, dentro calentaban agua con hierbas medicinales.
Las personas que morían eran enterradas en el mismo lugar. Se usó para enterrar gente hasta la llegada de los españoles.
En alguna excavación encontraron hasta 200 cuerpos en un entierro múltiple.
Publicidad